13 diciembre 2016

Dejemos a los jueces del cielo que se encarguen de ajusticiar. 

Mientras tanto nosotros busquemos los ojos de un hermano que como nosotros, quiera despertar del sueño.

Abracemos la idea que salva. Esa, la única, la que palpita tanto en nuestro corazón, como en la tierra, y en la selva.

Caminemos juntos vigilando a los hermanos vigias, y dejémonos vigilar por ellos, prendiendo el fuego.

Tomemos la mano del guerrero cuyas armas son las palabras, y sequemosle su sudor, y bebamos agua con él y consolemoslo cuando ya no tenga fuerza.


Tarde o temprano nos verán, los que se oponen. Y primero sentirán rabia, y envidia, y nosotros seguiremos alli cuidando de la lumbre, mientras conjuramos los venenos de codicia que intentan apoderarse de nuestros sueños, nuestras ansias, nuestros pensamientos, y todas nuestras aguas, y aires, y tierras.

Ellos nos seguirán viendo, y mientras tanto nosotros seguiremos aquí, inalterables, lúcidos, plenos, con nuestras flores y nuestras lágrimas, y nuestro grito de dolor, como únicos argumentos.

Y en el fondo sentirán miedo, porque ellos saben que la verdad organizada, es fuerte. Y algunos de ellos derrumbarán sus mitos de cemento, sus murallas de pasiones, y se terminarán uniendo a la conciencia. No a la de clases, no, a la de la vida, a la de la luz, a la de la estrella,.

Páginas