Nuestros sistemas educativos están formados
bajo el esquema creado hace algunos años por Estados Unidos con el propósito de
eliminar cualquier tipo de pensamiento contrario al sistema capitalista e
imperialista. Esto es un hecho para quien lo quiera investigar.
A esta estrategia se le llamó Plan de las
Américas, y entre otras cosas, consistió en eliminar brotes de pensamiento
contrarios a la doctrina del capitalismo, o religión del dinero, que es lo
mismo. Lo que los gobiernos percibieron, es que los principales gestores de
esos pensamientos eran los estudiantes, los jóvenes, que en general tienen la
esperanza de un mundo mejor, pero sobre todo más justo y equilibrado, y toda la
fuerza ardiendo en sus venas para luchar por ese ideal.
El plan de las Américas creó una estrategia de
reducción de las facultades de Humanidades, y de los temas de ética y moral. En
el sistema educativo quedó relegado a un tres por ciento de los créditos lo que
tuviera que ver con estos aspectos. Los temas sociales quedaron prohibidos, y
poco a poco, pasadas las dictaduras militares en América, los pensum de los
colegios y de las universidades, fueron manteniendo y profundizando el
adoctrinamiento hacia la formación de individuos capaces de responder a una
economía de mercado: especializados en oficios, poco cuestionadores, y
obedientes a las disciplinas de mando de las universidades y de los colegios,
como medio de adaptación para la estructura piramidal de las empresas.
Bajo esta perspectiva, el tema de la ética
social no tiene espacio para crecer. Desde que como individuos seamos capaces
de respetar la propiedad privada del otro, y de cumplir con nuestro trabajo lo
mejor posible, somos considerados éticos. No se profundiza en que la ética va
más allá de esa simplicidad. La ética social implica una responsabilidad con el
todo. Cada una de nuestras acciones medidas no solamente en el ámbito de los
negocios que manejamos, sino también, y principalmente, al impacto que nuestros
negocios y trabajos tienen en el resto del organismo. Sólo que para eso no hay
espacio en las universidades ni en los colegios, eso no es rentable, eso no da
plata, eso no genera crecimiento.
Entonces ¿Qué tipo de valores éticos estamos
transmitiendo a las nuevas generaciones? ¿Es nuestra sociedad transmisora de
valores y una ética social o individual?
Supongo que se están haciendo grandes esfuerzos para cambiar la ética
individual por una ética que abarque la unidad total del organismo, solo que
para que esto sea posible, uno a uno de los individuos tiene que replantear sus
propios valores. Cualquier sistema de ética se forma principalmente por las
cosas que tienen valor para el individuo o sistema.
Si mis principales valores son económicos, el
sistema de ética que construiré, practicaré y enseñaré a las nuevas
generaciones, será para defender esos intereses. Me sorprendió ver parte de la
novela de Pablo Escobar, quien desarrolló su propio sistema de “ética” para
defender sus valores e ideales. Porque así parezca absurdo, pero hasta el
asesino más asesino tiene valores, en el sentido que da un valor a las cosas
que hace, de lo contrario no tendría sentido lo que hace. En la historia de este hombre se perciben las cosas
a las cuales él le daba valor, y para defenderlas, creó su propio sistema de
“ética”. Todo lo que se opusiera a ese sistema de valores, tenía que ser
destruido, esa era la parte de su ética. Historia que se me hace muy similar a
países que accionan de la misma forma: todo lo que no siga los parámetros de su
doctrina, tendrá que ser intervenido y exterminado.
Para las etnias indígenas vivas que conozco,
los principales valores son la vida, la hermandad, la solidaridad, y la búsqueda
de lo espiritual, del paraíso, del contacto con el universo y el cosmos en una
unidad perdida de la cual se siente nostalgia. A partir de ahí se crea su
propio sistema ético, transmitido por medio de la cultura. Para nuestra
sociedad los principales valores son el dinero y el la fama y el reconocimiento, el progreso material. Es decir que el
sistema ético defiende la preservación de esos valores, antes que defender los
valores humanos.
Me llamó la atención una historia que me contó
una mujer. Ella y su esposo son pintores. Van yendo de un lugar a otro y se
sostienen por medio de la venta de sus pinturas en las plazas de las ciudades.
Andan con el dinero que va siendo generado para el sustento de ella y su
pequeña familia, conformada por su esposo y su hijo.
Llevaba dos años fuera de su país, y decidieron
pasar a visitar a sus padres, quienes vivían en un barrio lujoso en Buenos
Aires. La filosofía de vida de la mujer se oponía bastante a las nuevas
condiciones en las cuales vivían sus padres, por lo cual empezaron a buscar un
sitio donde vivir durante el tiempo que estuvieran en esa ciudad.
Pero la madre insistió en que se quedaran en su
casa, ya que era muy grande, y ellos estaban viviendo solos. Los costos de la
casa eran exorbitantes en relación al nivel de vida que ellos estaban acostumbrados, y la mujer sabía que sería imposible
colaborar para amortiguar los gastos que generarían tres personas más. Pero los
padres insistieron, diciéndoles que ayudaran de acuerdo con sus posibilidades
económicas y sus ingresos. Decidieron quedarse allí por cuatro meses, ya que
fundamentalmente el motivo del viaje era ver a los padres más de cerca por un
tiempo.
Pasados cuatro meses se supo que había un
descuadre en el presupuesto de la casa, y que fundamental y aparentemente, eran
producidos por la estadía de ellos tres. Ese mismo día armaron maletas y se
fueron a un lugar en el campo. Algunas
semanas después la mujer recibió el calificativo de antiética por parte de su
hermano, quien la acusó de haber abusado
de la economía de sus padres. Ante las acusaciones, la madre intentó aclarar
que el descuadre era antiguo, y tenía que ver con otros gastos anteriores, pero
el hermano no creyó y a partir de ese momento dejó de hablarle a la mujer por
considerarla irresponsable y antiética.
Cuando la mujer me contó esta historia, quise
estudiar más al respecto de la ética, y finalmente corroboré lo que venía
reflexionando al respecto. Para el hermano empresario, la mujer tocó sus
valores económicos. El hombre no pudo ver los valores íntimos. Las comidas compartidas,
los tiempos juntos, la formación de cultura, la compañía, la solidaridad, y
todas las cosas que pasaron en esos cuatro meses de convivencia, que no pueden
ser medidas por dinero, ni cuantificados en cifras, pero cuyo valor apreciarían
íntimamente culturas o civilizaciones cuyos valores son la solidaridad, la
compañía, la construcción del conocimiento, la transmisión de historias, el
compartir, y la formación del ser humano.
Durante esos meses, según la mujer me contó,
ellos ayudaron en la reparación de cosas en la casa, en los mercados que podían
llevar para compartir, la elaboración de comidas. Pero eso no es medible,
entonces eso no cuenta en el tipo de ética capitalista. Así funciona la ética
individualista y del capital. Nos encontramos entonces frente a individuos que
pensamos en medidas económicas, limitadas estas a cifras medibles y
cuantificables. Esto nos hace individuales y fríos. Lo que leí de la historia es que ya hasta en
las familias, solo se podrá pertenecer si pagamos la entrada, si aportamos con
dinero. Los aportes invisibles no cuentan dentro de la ética del capitalismo y
esto inevitablemente está desplazando lentamente los valores íntimos, que son
los que realmente sostienen el individuo vivo y relacionado consigo mismo y su
entorno.
