03 diciembre 2016

La desconexión con la naturaleza

Cada día las ciudades en las que vivimos se expanden más. Cientos de construcciones nos tapan la vista de las montañas, de los pinos, o simplemente del parque que veíamos al frente al abrir nuestra ventana. Nos descuidamos, y en menos de seis meses se levanta a nuestro lado un rascacielos de 40 pisos, con 300 apartamentos, oficinas, centros comerciales. “¡Cómo crece esta ciudad, cómo hemos progresado!” Es lo que instintivamente decimos, como niños asombrados por el castillo de arena que el adulto nos construye en nuestro primer encuentro con el mar.
varios economistas han tratado el tema del crecimiento, y se han dedicado a ver que éste, no es sinónimo de progreso. A la par que se construyen rascacielos en nuestras ciudades, crecen los cinturones de miseria en las afueras de los centros urbanos. Pero no sólo eso. La conexión con la naturaleza se hace cada día más escasa, reemplazada por lo que llamamos “civilización moderna”.  Siempre y cuando cerremos nuestra puerta, y estemos cómodos en nuestro sillón, llena nuestra panza, y distraído nuestro entendimiento con la novela, libro o película de moda, sentimos que el mundo está bien. Es difícil poder ver que no todo está bien, y más difícil aún, evaluar el costo social de los llamados avances modernos.


Existen  cuatro tipos de individuos enfrentando esta sociedad. Uno, aquellos ambientalistas o economistas para quien estos temas están trajinados, porque hacen suyo el problema del medio ambiente, y que proponen decrecimiento como solución.

Otro grupo, aquellos sectores de la sociedad que se sienten cansados de un sistema de consumo al que no quieren pertenecer más, y por lo tanto se alejan de él formando fundaciones, comunidades o eco aldeas auto-sostenibles, lo más lejos posible de los centros urbanos.


El tercero es el común de personas que pertenecen a lo que se llama clase baja y media, fascinado por la idea del consumo y progreso, que quieren alcanzar a costa de lo que sea.


El cuarto son los individuos, pocos, comparados con la mayoría,  atiborrados de progreso y comodidad, anquilosados en sus propios lujos, y lejanos de tomar cualquier acción en sus vidas, porque sienten que todo está bien mientras dentro de sus cuatro paredes del rascacielos en el que viven, tengan las cosas que les den la sensación de bienestar a sí mismos y a su familia.


A ellos no va dirigido este escrito. Ese grupo de personas tal vez tildará esta reflexión como comunista, o guerrillera, tal vez como anacrónica, o extremista. Por más que me gustaría mucho llegar a ese grupo de personas, por sentir que en gran parte la responsabilidad de sus acciones tienen un impacto muy fuerte en la sociedad, temo encontrarme con justificaciones como: “es parte de la naturaleza humana ser egoísta”, “…el sistema económico es libre, y cualquier ser humano puede ser capaz de acumular riqueza si tiene inteligencia para trabajar…”, “no tengo la culpa que haya gente incapaz, que no tenga la habilidad para tener visión de negocio”…”son las condiciones del sistema capitalista y democrático”…”son las leyes del mercado”…”el pez grande se come al chico”…”…He visto lo que pasa con las empresas que toman los empleados, en general las destruyen”…No me interesa más debatir dichas posturas, he tenido suficientes polémicas desgastantes al respecto, hasta que me di cuenta de que se trata solamente de una cuestión de conciencia individual.


Es como en el tema de la religión, o de política, cada persona está en una idea en la cual se apoya y sostiene su vida, y nadie exterior podrá cambiar esa percepción, hasta que por sí mismo la persona se dé cuenta de las posiciones en las que está equivocada. O no, simplemente puede seguir en el error, fundamentado en posiciones absolutamente racionales y coherentes.


En el desarrollo de este texto no tengo la verdad absoluta sobre la percepción del mundo, y sobre la forma en cómo vivir. Simplemente trataré de describir percepciones y reflexiones que he tenido a lo largo de mi vida sobre los temas sociales y económicos de la sociedad en la que vivo.


Cada lector podrá aceptar algunas cosas, y rechazar otras. Podrá sacar sus propias conclusiones y generar sus propias acciones. Esta es la dialéctica del conocimiento, mutante y enriquecedor. La ventaja que tengo como escritora, es que puede ser una exposición completa en monólogo. La mayoría de nuestras charlas tienen la falla de detenerse por la oposición, y no permitirle al otro que exprese libre y completamente su postura.


La desventaja que tengo como escritora, es que quedo limitada a mis propias elaboraciones mentales, sin contar con la contraparte reflexiva que me haga enriquecer, dilucidar y comprender del todo los procesos de pensamiento humano. Los argumentos en contra que he recibido sobre determinados temas, me han servido a lo largo de mis años a desarrollar procesos de pensamiento, enriquecidos con el beneficio del oponente.


Ya no se trata de ver quién tiene la razón: si el capitalismo o el comunismo. Los dos me parecen intentos humanos por una sociedad libre, así los resultados, tanto de uno como otro sistema hayan sido en últimas la opresión, la soledad, individuos alejados de su entorno, de sí mismos, y de sus comunidades, de su propia identidad, de su cultura.


Ya no se trata de ver si una religión es mejor que la otra, o si un líder político resulta mejor que otro. Me parece que lo importante ahora es que cada individuo se haga consciente del lugar en donde está. Que mire a su alrededor con sorpresa, que mire a su propio mundo interior con la novedad de quien ve un paisaje por primera vez, y sea capaz de preguntarse: ¿es bello esto que veo?, ¿es justo?, ¿es verdadero?, ¿es armonioso? No porque alguien más le indique, sino reviviendo la capacidad de la conciencia de despojarnos por un momento de la simple satisfacción del “yo”, para lograr ser conscientes de nuestros muertos, de nuestros pobres, de nuestros ignorantes, de nuestros líderes, de nuestros comerciantes. No como un suceso aislado e independiente de nosotros mismos, sino como una parte de nuestro cuerpo, de nuestro entorno, de nosotros mismos, de la naturaleza, y de la tierra como el organismo VIVO al cual pertenecemos.

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